El dolor en el Camino de la Llama Gemela

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Empezar el sendero de la Llama Gemela es como empezar el camino del calvario, va acompañado de unos dolores horribles. Dolores en varios cuerpos, niveles y dimensiones. Lo peor del dolor es que no sabemos aceptarlo. Estamos educados para alejarnos de él, no para aprovecharlo y sacarle el potencial.

Vale que el dolor duele pero no duele tanto - cosa curiosa, no creas- pues eso, no duele ni la mitad de la mitad de la mitad cuando te sientas y le dices: Ven aquí, que te vea bien.

Cuando sientes ese dolor en el pecho que parece que te vas a morir ahí mismo, entre agonías y horribles sufrimientos, lo mejor que puedes hacer es sentarte y sentirte, dejar que el dolor salga. Así de simple. Parece muy jodido pero no lo es. Ya me hubiera gustado a mí saber esto hace unos meses, en vez de descubrirlo hace unos días.

Porque resulta que el dolor es un trauma que se ha quedado guardado en tu interior y que todo lo que quiere es salir, alejarse de ti, marcharse. Necesita que lo liberes para que pueda deshacerse de ti. Él tampoco quiere estar a tu lado, ni le gustas, ni le caes bien - más vale ponerle humor a las cosas- pero es verdad, el dolor está deseando hacer su vida, como tú.

Entonces, como tiene tantas ganas de salir, aprieta tanto para llamar tu atención, lo mejor que puedes hacer es abrirle la puerta y despedirte de él. ¿La forma? Sentirlo. Una vez sientes el dolor, lo miras y lo reconoces - es decir, traes a la conciencia el problema, bloqueo o trauma- se libera una energía sanadora muy potente que lo hace desaparecer para siempre jamás. No vale quedarse abrazado al dolor, ni tirarle de los pelos porque entonces no dejas que se marche libremente.

Te voy a dar la receta creativa para sanar el dolor, es decir, lo que yo hago:

1) Entender que el dolor no es un enemigo que viene a fastidiarte los planes. El dolor es un aviso, una alarma que intenta advertirte, decirte que algo no va bien en tu interior. El dolor es un amigo que te está diciendo: Hey, necesito que veas esto, que lo resuelvas y pronto, por tu bien.

2) Identificar la zona. Si me duele el pecho es algo relacionado con una carencia afectiva. El pecho siempre va con el amor. Si me duele la zona abdominal tengo problemas con el sexo, el deseo, la satisfacción, la seguridad en la vida. Por eso es importante determinar la zona porque hay momentos que se expande tanto que parece que se te ha tragado por completo.

3) Observarlo. Esta parte es cuestión de pillarle el truco. Me pongo de ejemplo. Si me duele el pecho, miro el dolor y lo veo vestido de necesidad de aprobación tengo que asumir que he vivido anteponiendo los deseos de los demás, las necesidades de los demás y las emociones de los demás a las mías. Tengo que asumir que me he descuidado y abandonado porque mi necesidad de oír: Eres una buena niña, te amo tal como eres y/o bien hecho ha sido superior que decirme esas cosas a mi misma. Ese dolor me fuerza a reconocer que he entregado mi poder a los demás, que no me estoy amando como soy, que espero que los demás me hagan el trabajo y me digan aquello que me corresponde decirme a mi misma: Eres perfecta como eres y te amo profundamente.

4) Hacer las paces con el conflicto. Es decir, no quedarse pegado ahí. Sucede que cuando ves un dolor o bloqueo te das cuenta de lo que no has hecho correctamente, puede ser que te tiente atormentarte. No lo hagas. Ya lo has visto, ahora lo importante es buscar una solución, curarse, avanzar. Si lo hubieras visto no habría aparecido el dolor. Perdónate. No vas a ser ni el primero, ni el último que se daña a si mismo o a los demás. Lo importante es sacar el aprendizaje y hacer las paces contigo y con él.

5) Buscar las soluciones. Vuelvo a mi ejemplo. Si he entregado el poder a los demás hago dos cosas. Por un lado trabajo mi auto-estima, trabajo todo lo que me impide ver que soy un ser maravilloso, con sus cosillas pero absolutamente digna de amor, de felicidad y bien-estar.  Por el otro, recupero mi poder. Ante cualquier situación observo mis reacciones.

Me pasó una cosa curiosa hace unos dias. Me escribió un chico - iba a decir amigo pero no lo es porque no está cuando lo necesito- no me dijo ni Hola. Me soltó a bocajarro su ristra de problemas. Directamente pensé: No voy a dejar lo que estoy haciendo ahora, que es importante para mi, para entrar a discutir con esta persona. Luego pensé: No quiero tener relaciones tóxicas que sólo piden y no entregan nada a cambio, relaciones que no son sanas, ni equilibradas. Y así se lo dije. Contesté a su pregunta y después le dije: Perdona pero estoy haciendo cosas que son importantes para mi. Si mi respuesta no te satisface, no puedo hacer más por ti. Espero que alguien pueda darte la respuesta que necesitas oír pero yo no puedo. 

Hace unos meses hubiera estado hablando con él durante las horas que hubiera hecho falta para que entendiera mi punto de vista, para que me diera su aprobación, para que -básicamente- me rascara detrás de las orejas como premio por ser buena niña. También me hubiera sentido fatal conmigo misma porque esa persona, una vez le hubiera resuelto el problema se habría ido sin dar ni las gracias y yo no habría hecho lo que tenía pensado, planeado y que tanto me apetecía hacer.

Es por esto que el dolor es tu amigo, y es por esto que vale la pena sentarse, sentirse y sentirlo porque te ayuda a sanar aquello dañino que está oculto.





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