Víctimas, perpetadores y coherencia

11:31



Os voy a contar algo que me ha pasado esta semana que ha provocado una reacción en cadena bastante... desafiante. Los lectores asiduos del blog, que son unos cuantos y a los que les doy gracias, ya habrán notado que muy fina no andaba.

No voy a dar nombres porque realmente el conflicto externo a sido un conflicto interior materializado. La única "responsable" soy yo. Así que para mi la bicicleta, la medalleta y la satisfacción de haberme desbaratado mi propia trampa. A la persona que me ha ayudado a materializar el conflicto interno la doy mis eternas gracias por ello porque me ha ayudado a sanarlo y me ha dado hasta la idea para una novela. Habrá que dedicársela... ¿Verdad?


El tema en cuestión, curiosos lectores de mi corazón... es que alguien me dijo algo respecto al blog que me dejó muy descolocada y con mal sabor de boca. No actúe, cosa rara en mi... simplemente puse el asunto en manos de Dios. Literalmente. Entregué todo a la Luz para que se hiciera cargo. Ayer no sabía si el blog estaría abierto o abría petado. Es algo que viene de asumir las consecuencias de mis propios actos. Parece que esto sigue en píe. Perfecto.

Este conflicto se materializó en un momento extraño, en un momento en el que no podía pararme por cosas de la agenda... y tuve que elegir entre quedarme anclada en el conflicto o continuar con mis cosas. Mis cosas eran trabajo y familia. Elegí dedicar mi tiempo y mis recursos a mi trabajo y a la gente de casa. Cuando eso, que es mi prioridad -mi familia- volvió a su casa y tuve tiempo de reflexionar, en calma y con calma... vi la Luz tras el conflicto.

Esta semana he hecho una constelación familiar y sanamos a la famosa víctima en mi. Aprovecho también este momento para dar las infinitas gracias a mi Master del Universo, mi actual mentora espiritual todo lo que me regala, entrega y ayuda. Eres una crack y te estoy eternamente agradecida por los abrazos, por las herramientas y por la sabiduría que me das.

Total, que estaba reflexionando cuando me llamó una amiga y vimos clara la cuestión. Lo que pasó, eso que me hizo sentir entre la espada y la pared fue una oportunidad para trascender a la víctima, una prueba para ver si decidía quedarme anclada en ese papel o lo superaba y seguía con mi vida de forma completamente nueva.

Lo que también me mostró, tanto la persona como la situación... fue mi falta de coherencia. Lo que yo decía y lo que yo hacía eran dos cosas diferentes. Mi teoría y mi práctica iban por vías diferentes. Me he puesto las pilas con eso. No sé si me acaba de gustar esto de ser coherente porque me saca a patadas de la zona de confort y requiere mucha responsabilidad, por no decir... un reajuste bastante potente de mi Mundo interior pero en eso estamos. Revisando qué hago y por qué lo hago y qué no hago y por qué no lo hago- esto le va a encantar a mi Mentora Espiritual :) ... Si quieres resultados diferentes... habrá que hacer las cosas de forma diferente.

Lo que me gustaría que te llevaras de todo esto es el aprendizaje de ir más allá de las apariencias ante los conflictos... y que los abordes con calma y con el objetivo de encontrar el tesoro oculto, el premio, la sabiduría. Realmente hay una gran diferencia porque no te paras en la persona que representa, no la acusas y no focalizas tu rabia en ella. Porque no hay rabia ¿Cómo lo logré? Pues mirando mi reflejo en ella. Poniendo adjetivos y jugando con eso. Cuando llegué a "víctima" e "incoherencia" todo hizo ¡Bluf! y desapareció de mi Mundo, pasó de quitarme horas de mi a entregarme un pedacito más de libertad ¿A que es bonito? Mucho.

Ahora, si me disculpas, voy a observar a la coherencia. Quizás discuta un ratito con ella y nos dé por pelear... porque la coherencia es muy maniática, algo rara... y le gusta que trascienda más y más... hoy va a ser la bomba, mi bomba particular...

Namasté.

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4 comentarios

  1. Cuento: El aguilucho

    Érase una vez un granjero que, mientras caminaba por el bosque, encontró a un aguilucho malherido. Se lo llevó a su casa, lo curó y lo puso en su corral, donde pronto aprendió a comer la misma comida que los pollos y a comportarse como éstos. Un día, un naturalista que pasaba por allí le preguntó al granjero:
    - ¿Por qué esta águila el rey de todas las aves y pájaros, permanece encerrada en el corral de los pollos?
    El granjero contestó:
    - Me la encontré malherida en el bosque y, como le he dado la misma comida que a los pollos, se ha adaptado a ser como un pollo y no ha aprendido a volar. Se comporta como los pollos y, por tanto, ya no es un águila.
    El naturista dijo:
    - Tu gesto de recogerla y curarla parece muy hermoso. Además, le has dado la oportunidad de sobrevivir, le has proporcionado la compañía y el calor de los pollos de tu corral. Sin embargo, tiene corazón de águila; con toda seguridad, puede volar. ¿Qué te parece si la ponemos en situación de hacerlo?
    - No entiendo lo que me dices. Si hubiera querido volar, lo habría hecho. Yo no se lo he impedido.
    - Es verdad, tú no se lo has impedido; pero, como tú muy bien decías antes, como la pusiste y/o invitaste a recurrir a los pollos o a ti, por eso no vuela. ¿Y si contemplamos como puede volar como las águilas?
    - ¿Por qué insistes tanto? Se siente ayudado y respaldado con los pollos y ya no es un águila. ¡Qué le vamos a hacer...!
    - Es verdad que en estos últimos meses se está comportando como los pollos. Pero tengo la impresión de que te fijas demasiado en sus dificultades para volar. ¿Qué te parece si nos desapegamos y amamos incondicionalmente su corazón de águila y confíamos en sus posibilidades de volar?

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  2. - Tengo mis dudas, porque ¿qué es lo que cambia si, en lugar de pensar en las dificultades, confíamos en las posibilidades?
    - Me parece una buena pregunta. Si pensamos en las dificultades, es más probable que nos conformemos con su comportamiento actual. Pero ¿no crees que si tenemos FE en sus posibilidades de volar, esto nos lleva a reconocer que ciertas situaciones que se presentan son oportunidades para que podamos aprender a discernir por nosotros mismos, que incluso están pactadas?
    - Es posible.
    - ¿Qué te parece si probamos?
    - Probemos.
    Al día siguiente, el naturalista sacó al aguilucho del corral, lo tomó suavemente en brazos y lo llevó hasta una loma cercana. Le dijo: "Tú perteneces al cielo, no a la tierra. Abre tus alas y vuela. Puedes hacerlo".
    Estas persuasivas palabras no convencierón al aguilucho. Estaba confuso y, al ver desde la loma a los pollos corriendo, se fue dando saltos a reunirse con ellos. Creyó que había perdido su capacidad de volar y discernir y tuvo miedo.
    Sin desanimarse, al día siguiente, el naturalista llevó al aguilucho al tejado de la granja y le animó diciendo: "Eres un aguila. Abre tus alas y vuela. Puedes hacerlo".
    El aguilucho tuvo nuevamente miedo de sí mismo y de todo lo que le rodeaba. Nunca lo había contemplado desde aquella altura. Temblando, miró al naturista y saltó una vez más hacía el corral.
    Muy temprano, al día siguiente, el naturalista volvió a llevar al aguilucho al tejado de la granja y le ánimo diciendo: "Eres un aguila. Abre las alas y vuela".
    El aguilucho miró fijamente a los ojos del naturalista. Éste, impresionado por aquella mirada le dijo humildemente, con amor auténtico, en voz baja y suavemente: "No me sorprende que tengas miedo. Es normal que lo tengas, puede parecer que estas solo. Pero ya verás cómo vale la pena intentarlo. Podrás recorrer distancias enormes, jugar con el viento y conocer otros corazones de águila. Además, estos días pasados, cuando saltabas, pudiste comprobar qué fuerza tienen tus alas".
    El aguilucho miró alrededor, abajo hacía el corral, y arriba hacía el cielo. Entonces el naturalista lo levantó hacía el sol y lo acarició suavemente. El aguilucho miró una vez más a su alrededor, abrió lentamente las alas y finalmente, con un grito triunfante, voló alejándose en el cielo. Había conectado de nuevo, sin juzgar en ningún instante y con puro agradecimiento, su camino.

    Natalia (una llamita más, su corazón resuena 100% con Iris Anandi Cristavé Namahá)
    *Muchas de las llamitas nos hemos conocido en el Templo y allí será nuestro reencuentro.

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    Respuestas
    1. Hola Natalia,
      Es un cuento precioso, lo imprimiré para poder leerlo con calma y tranquilidad porque es de los que hay que leer con el corazón y no con la mente, de los que salen muchos aprendizajes. Mil gracias por compartirlo, te estoy muy agradecida. Un beso.

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  3. Gracias...Gracias...Gracias. Te bendigo.

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