Mi ejercicio de perdón radical

21:00



Tras leer ayer sobre el perdón radical he decidido hacer mis cartas públicas porque lo único que me queda por limpiar es con relación a mi Llama Gemela. Es duro admitir que llevo cabreada con él muchas vidas pero no puedo seguir, eternamente, enfadada.  ¿Verdad?

Lo que voy a hacer es escribir tres cartas. La primera carta es la libre expresión de mi dolor. En la segunda carta me pongo en su lugar y en la tercera observo qué he aprendido gracias a esa situación. Simple ¿No? Pues ahí va...

CARTA 1: LA HERIDA
Querido...
Siento que no haces otra cosa que abandonarme, vida tras vida. Cuando el poder no es más importante que yo te buscas otra excusa. Siempre tienes excusa para dejarme e irte a tu rincón a lamentarte sin darme otra oportunidad. Creo que nunca me das una segunda oportunidad porque tienes miedo. Tienes miedo porque no soy una relación cómoda para ti. No porque, sin darme cuenta, te reto y te llevo un paso más allá de ti mismo. Creo que tienes miedo a perder el control y que por eso te buscas cualquier excusa para darme de lado. Siempre te parapetas en el que yo te rechazé creyendo que eso te da derecho a decidir por los dos... Pues no. Por mucho que yo me pudiera equivocar dos no se pelean si uno no quiere. Tú también podías llamar o intentar hablar sobre ello, en esto u otras vidas pero ¿Qué haces? Te lamentas y me juzgas ¿Nunca has llegado a pensar que podía ser un mal entendido? No, nunca, porque prefieres sufrir y sentirte seguro que solucionar las cosas y zanjarlas, aunque asuste y temas perder el control. Y eso me cabrea...

CARTA 2: ME PONGO EN TU LUGAR
Querido...
Si me pongo en tu lugar me veo que lo tienes que haber pasado muy mal. Por una parte tienes miedo y te sientes rechazado, vida tras vida, por la chica más extraña que has conocido en tus vidas. Por otra parte... Si conmigo eres tan rígido, contigo mismo lo debes pasar fatal porque, supongo, si crees que te equivocas no te das más oportunidad.
Si me pongo en tu lugar siento que tienes miedo a volver a meter la pata porque crees, de varias vidas, que siempre cometes algún error, el mismo error. Creo que al ser tan rígido te estás castigando a ti mismo, no a mi... Creo que eres el que cree que no tiene otra oportunidad porque ya ha sido sentenciado. Creo que, de alguna extraña forma, sí intentas redimirte, si que intentas "ganar" otra oportunidad pero que lo das por perdido. Y creo, para finalizar, que estás muy incomodo como estás. Si me pongo en tu lugar no te puedo culpar de nada porque me veo en ti mientras haces las cosas lo mejor que puedes. Gracias. Gracias por esforzarse y por hacer las cosas lo mejor que sabes. Lo siento. Perdóname. Te amo. Gracias.

CARTA 3: EL APRENDIZAJE
Querido...
Durante este tiempo, estas vidas, he aprendido que tu eres mi yo más contradictorio... Que parecemos diferentes pero somos iguales, y UNO. Que soy más fuerte y poderosa de lo que podría imaginar, que eres más que lo que aparentas y dejas ver, que somos sumamente cabezones pero que, pese a eso, aprendemos rápido. Y he aprendido a disfrutar de mi compañía, lo que me gusta y lo que me disgusta, lo que quiero, lo que no quiero y a ver más allá del espacio tiempo. He aprendido a sentirte a mi lado en muchos momentos y he cruzado miedos. Y he aprendido a mirarte a ti y a preguntarme ¿Dónde soy rígida? ¿En qué área de mi vida no me permito tener otra oportunidad? ¿Qué es lo que intento ganar porque no me siento merecedora de ello?

Conclusión: Tras hacer este ejercicio siento que he vuelto a poner en su cesta lo que me toca trabajar a mi y que él, bendito sea, sólo toma el papel de reflejar lo que de mi no puedo ver.

Aunque el perdón radical sea doloroso creo que, como se puede comprobar, es un ejercicio bastante liberador. No es fácil pero sí efectivo. No es fácil porque mientras creemos que la responsabilidad es de la otra parte no sentimos que nos toque hacer nada. Al fin y al cabo, el problema es del o el otro ¿Verdad? Pero, una vez más, se demuestra que el problema no está en otro lugar porque el problema habita en nosotros y habitará hasta que lo sanemos. Visto así ¿Cuál es el siguiente paso? Para mi es volver al perdón radical pero en vez de escribirle a mi Llama Gemela... escribiendome a mi misma.  Y, seguramente, acompañarlo con Sedona. Ahí es na...

Namasté.

Gracias, S., por compartir esta herramienta con nosotros y por escrir tan rápidamente un artículo tan maravilloso. 


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