La Diosa del "nunca-no-roto" traducido por Phoebe

22:22



La Diosa del “Nunca-no-roto”.

¿Conoces esa sensación de cuando acabas de salir de una ruptura sentimental, o has perdido tu trabajo, y todo parece terrible y espantoso y no sabes qué hacer, y te encuentras a ti misma llorando, tirada en el suelo de tu habitación, apenas capaz de recordar cómo usar tu teléfono, buscando desesperadamente una señal de Dios en viejas cartas, o en el canal de noticias de tu Facebook, o en la televisión...y sin poder encontrar nada que te consuele?
Vamos, reconócelo: sabes de qué hablo. Todos nosotros lo sabemos.
Y hay una Diosa de la mitología Hindú que nos viene a enseñar que, justo en ese momento, cuando estás tirada en un rincón, es justo entonces cuando eres más poderosa que nunca.

La semana pasada encontré la inspiración en una charla que escuché en el Yoga Teacher Telesummit, por Eric Stonebergon, sobre esta relativamente desconocida Diosa de la mitología Hindú: Akhilandeshvari.

Su figura se me ha acercado sigilosamente, para finalmente calar hondo dentro de mí. Su nombre sigue estando presente en cada una de mis clases, y me ha dado fortaleza y determinación en un momento de cambio e incertidumbre en mi vida. 


Ahora, me gustaría arrojar un poco de luz sobre la naturaleza de esta Diosa, para todos aquellos que, como yo, en estos momentos se encuentran tirados en el suelo y sin saber cómo levantarse de nuevo.

Resulta que la respuesta es ésta: hecha pedazos, en modo-guerrera, y cabalgando a las espaldas de un cocodrilo. Yee-ha!



Akhilandeshvari:
“Ishvari” , en sánscrito, significa “Diosa” o “Poder femenino”; y “Akhilanda” significa, literalmente, “nunca no-rota”.
En otras palabras: “La Diosa siempre-rota”.
El sánscrito es un idioma fascinantemente complejo, y me encanta esa doble negación, como si ella estuviera rota, hasta tal punto en que incluso su nombre está roto.

Pero éste no es el tipo de destrucción que indica miedo y debilidad:
Éste es el tipo de destrucción que acaba con todo aquello que nos mantiene encallados en rutinas tóxicas, repitiendo las mismas relaciones y hábitos una y otra vez, en lugar de adentrarnos en el espantoso proceso de probar algo nuevo y desconocido.

Akhilanda debe su poder al hecho de que siempre está hecha pedazos: fluyendo, destruyéndose a si misma, viviendo en distintas formas a la vez, para nunca convertirse en un ser completo con limitaciones.

Las transiciones repentinas y dolorosas (como una ruptura) dan miedo porque, a raíz de ellas, una de las cosas que pierdes es tu futuro: las expectativas de lo que tú creías que iba a ser la historia de tu vida, de lo que pensabas que tu vida iba a ser.
Cuando pierdes a tu compañero, o a tu trabajo, o a esa persona, tu propio futuro se disuelve delante de tus narices.
Y, por supuesto, esto da mucho miedo.

Pero, observa, dice Akhilanda: ahora debes elegir.
Así, en pedazos, tirada en un rincón, sin la más remota idea de cómo salir adelante...es entonces cuando las expectativas sobre tu futuro no tienen ningún sentido. Y las historias de tu pasado ya no sirven.
Es justo ahora cuando estás fluyendo, estás en flujo constante y estás avanzando de una forma totalmente nueva. Y ésta es una oportunidad increíblemente poderosa para renacer como algo nuevo: para elegir cómo, de qué manera, quieres juntar tus pedazos.
La confusión puede ser una gran maestra -¿cómo ibas a aprender si ya lo supieras todo?-.


Esta Diosa tiene otro atributo interesante, el cual es, por supuesto, su forma de transportarse: un cocodrilo.
Los cocodrilos son interesantes por dos motivos:

En primer lugar, Stoneberg nos dice que el cocodrilo representa nuestro cerebro reptiliano, que es justamente el área cerebral donde sentimos miedo.
En segundo lugar, cabe decir que el poder depredador de un cocodrilo no se encuentra en su gigantesca mandíbula, sino que ellos cazan a su presa en la orilla del río, la tiran al agua, y entonces empiezan a sacudirla hasta que se desorienta.
Los cocodrilos usan el poder de la desorientación, y no la fuerza bruta, para alimentarse.

Montada en este ser depredador y temido, Akhilanda se niega a rechazar su miedo, ni tampoco deja que éste la controle...sino que lo cabalga, cabalga este animal que vive dentro del río, dentro de la corriente que fluye. Lleva a sus miedos al rio y usa su poder para navegar entre sus olas, y se deja a si misma girar en las “siempre-rotas” aguas. Akhilanda nos enseña que eso es hermoso.
Stoneberg escribe:Akhilanda es, también, descrita como una luz giratoria, como un prisma multi-facético. Imagina el Diamante de la Esperanza dando piruetas en una luz clara y brillante. La luz que emana de las brechas del diamante crea un arco-iris giratorio. El diamante está completo, precisamente, porque está fracturado, y justo así puede crear una bella forma de colores. Su forma es un espectro de color giratorio.

Esto significa que este sentimiento de confusión y ruptura que todo ser humano ha sufrido alguna vez en su vida, es una fuente de belleza y color y nuevos reflejos y posibilidades.

Si todo siempre fuera lo mismo, si todo siguiera intacto y camináramos siempre por el mismo sendero hacia el río, hasta crear un hábito (tal y como solemos hacer; en sánscrito esto se llama Samskara: monotonía e incluso “cicatrices”), esta monotonía se volvería tan limitada, tan tóxica para nosotros mismos que... bueno, los cocodrilos nos cazarían en la orilla, se nos llevarían al río y nos comerían.

Así que ahora es el momento; es en este momento de confusión e incompletitud y miedo y tristeza, cuando debemos colocarnos encima de ese miedo, cabalgarlo hasta el río, navegar entre las olas y destruirnos a nosotros mismos. Convertirnos en un prisma.

Todos los lugares en donde te has hecho pedazos pueden ahora reflejar luz y color donde antes no había. Ahora es el momento de convertirte en algo nuevo, de escoger una nueva forma.

Pero recuerda la enseñanza de Akhilanda: incluso esta nueva forma completa, esta maravillosa rutina que creamos, es una ilusión. No tiene ningún sentido, a no ser que nosotros mismos seamos capaces de rompernos de nuevo sólo para volver a juntar nuestras piezas, tantas veces como lo necesitemos.

Nosotros ya estamos “nunca no-rotos”. Nunca somos una forma consistente, un todo limitado. En nuestra incompletitud, no tenemos límites.
Y esto significa que somos maravillosos.

FUENTE ORIGINAL

Traducción: Phoebe. 

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