Nombre-nombres

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Nuestro nombre es lo único que eligen nuestros padres de nosotros. No pueden elegir el color de nuestros ojos, nuestra altura, nuestra constitución, nuestros gustos, cualidades, manías, carácter... sólo pueden elegir nuestro nombre. Bueno, pueden elegir nuestro nombre o puede elegir la persona que nos va a poner el nombre. Por ejemplo...

Mi nombre lo eligió mi bisabuelo. Mis padres, muy prácticos, pactaron que si era niño elegía mi padre. Eso supone ser el tropecientos mil Alfonso del linaje porque el nombre predominante tanto en el clan de mi abuela paterna como en el de mi abuelo paterno es Alfonso. Si era niña, como puedes adivinar, elegía mi madre pero... más que elegir el nombre, hizo una lista con los nombres que le gustaban y le pasó el bulto a su abuelo. Coincide que soy la primera bisnieta de la rama. Es decir, el abuelo de mi madre eligió el nombre de su primera bisnieta. Mi bisabuelo, que según la leyenda era un poco bebedor y conquistador, por decirlo fino... escogió mi nombre entre todos los de la lista porque era el nombre de la protagonista de una radionovela que, según dicen, era una santa de buena que era. Es decir, mi bisabuelo me encasquetó un patrón de perfección compensatorio a sus acciones. Como he sido un pendejo... le encasqueto a mi bisnieta la obligación de ser buena nena con la suerte de ponerme un nombre que no puede llevar más carga simbólica porque entonces me llamaría Elena. Así de claro te lo digo.

Y es que eso es lo que sucede cuando nos ponen el nombre... que nos encasquetan un patrón. Más cuando nos ponen nombres de sucesión consecutiva. Por ejemplo, mi madre se llama Elena igual que todas las primogénitas de su familia. Es decir, todas las Elenas de mi familia acaban cargando con la energía de esa primera Elena. Cuquis, así no hay quién viva su vida. Menos mal que me libré de esa. Puestos a cargar, al menos cargo con un nombre que no tengo que compartir con ninguna prima. Al menos, me siento única dentro del clan, no como la tía de madre, mi madre y mi prima de Murcia. Un follón...

Un follón al que hay que meterle mano para sanarlo. Oh, sí! El caso es que estamos en el camino de las Llamas Gemelas y podemos encontrarnos con el tema de los nombres cruzados. Por ejemplo, como leímos ayer en la evolución de las relaciones:

Virginia era una joven plebeya, hija de Virginio, centurión del ejército romano, y prometida de Lucio Icilio, antiguo tribuno de la plebe. Era Virginia de una belleza fuera de lo común, por lo que se encaprichó de ella un magistrado de más alto nivel, el decemviro Apio Claudio, quien no pudiendo obtenerla por su voluntad, quiso hacerlo contra la voluntad de la joven. Recurrió a la aplicación estricta de la legalidad vigente, en virtud de la cual, siendo Virginia hija de una esclava de Marco Claudio, cliente de Apio Claudio, era propiedad de Marco, por lo que éste podía vendérsela a quien quisiera o disponer de ella como quisiera. En efecto, presentado el asunto ante el tribunal, éste no pudo por menos que reconocer la propiedad de Marco Claudio sobre Virginia; era la ley. El padre, que no estaba dispuesto a consentir semejante afrenta para su hija, que suponía a buen seguro su violación, prefirió matarla hundiéndole la espada en el pecho, quedando muerta allí mismo. Fue tal la indignación y la consternación de la plebe, que se sublevaron contra los decenviros y exigieron su destitución, retirándose entretanto al monte Aventino. Exigieron además que se modificara la ley que permitía estas barbaridades.


Cualquier Llama Virginia cuya Llama se llame Marco, Claudio o Virginio (Virgilio) va a querer llorar porque se sentirá (como he subrayado en el texto): 
-Vendida y a merced de su Llama con Marco. 
-Coartada y atacada con Claudio. 
-Debiendo la vida a Virginio. 

Por ni nombrar el dolor a la altura del pecho por la carga de no-amor para mantenerse con vida, que no es poco. Igual que tampoco es poco la carga que llevan nombres como Dolores, Purificación, Esmeralda, Diana, María, Magdalena o Luna. Eps, que esto no lo digo yo... es que es lo que Es. 

LA IMPORTANCIA DE NUESTRO NOMBRE
Cuando bautizamos a un hijo debemos saber que junto con el nombre le pasamos una identidadEvitemos por tanto los nombres de los antepasados, de antiguos novios o novias, de personajes históricos o novelescos. Los nombres que recibimos son como contratos inconscientes que limitan nuestra libertad y que condicionan nuestra vida. Un nombre repetido es como un contrato al que le hacemos una fotocopia, cuando en el árbol genealógico hay muchas fotocopias el nombre pierde fuerza y queda devaluado.


Según Alejandro Jodorowsky, el nombre tiene un impacto muy potente sobre la mente. Puede ser un fuerte identificador simbólico de la personalidad, un talismán o una prisión que noimpide ser y crecer.

En los árboles narcisistas cada generación repite los mismos nombres de sus ancestros y con ello se repiten los destinos. ¿Atraen ciertos barrios a personas cuyo estado emocional corresponde al significado oculto de esos nombres? Dice Alejandro Jodorowsky que en Santiago de Chile vivió en La plaza Diego de Almagro, un lugar que él sintió como oscuro y triste. Resulta posible pensar que ese lugar era el reflejo de su interior en aquel momento de su vida. Diego de Almagro fue un conquistador frustrado. Por engañosos consejos de su cómplice Pizarro, partió de Cuzco hacia las tierras inexploradas del Sur creyendo encontrar templos con tesoros fabulosos. Después de muchas calamidades volvió como alma en pena a Cuzco, donde su traidor socio, no queriendo compartir las riquezas robadas a los incas, lo hizo ejecutar. Podríamos dedicar unos minutos a observar el lugar donde vivimos: en la calle de un poeta, de una santa benefactora, de un descubridor o tal vez en la de un general asesino. Nada es casual, el mundo es como un espejo que nos refleja, cada vez que realizamos una mutación interior también cambia nuestro exterior, a veces son señales del Universo.¿Podríamos decir que los nombres tienen una especie de frecuencia que sintoniza con ciertos receptores? ¿Qué tipo de receptores? Inconscientemente nos sentimos atraídos por cientos nombres que reflejen lo que somos (a veces son exactos y otras veces están ocultos detrás de máscaras, sólo hay similitudes léxicas o fonéticas): Nuestra parte sana y positiva es un receptor que sintoniza con ciertos nombres, porque nos hacen gozar y sentirnos seguros. Nuestra parte enferma y negativa es otro receptor que sintoniza nombres determinados, porque hay una intención supraconsciente de resolver el conflicto.

Reflexionemos de nuevo en los nombres de lo que hemos atraído a nuestro mundo: -El nombre de nuestra empresa, centro de trabajo, escuela… -El nombre de nuestra pareja, amigos, jefes, profesores… – Personas que se cruzan en nuestro camino por “accidente” y se llaman exactamente igual que nuestro padre (o madre, o hermano…) ¿Hay una programación inscrita en nuestro nombre y apellidos? Según nos cuenta Alejandro Jodorowsky, tanto el nombre como los apellidos encierran programas mentales que son como semillas, de ellos pueden surgir árboles frutales o plantas venenosas. En el árbol genealógico los nombres repetidos son vehículos de dramas. Es peligroso nacer después de un hermano muerto y recibir el nombre del desaparecido. Eso nos condena a ser el otro, nunca nosotros mismos. Cuando una hija lleva el nombre de una antigua novia de su padre, se ve condenada a ser “la novia de papá” durante toda su vida. Un tío o una tía que se suicidaron convierten su nombre, durante varias generaciones en vehículo de depresionesA veces es necesario, para detener esas repeticiones que crean destinos adversos, cambiarse el nombre.

El nuevo nombre puede ofrecernos una nueva vida. En forma intuitiva así lo comprendieron la mayoría de los poetas chilenos, todos ellos llegados a la fama con seudónimos. ¿Hay ejemplos que nos permitan comprender la importancia del nombre?Nuestro nombre nos tiene atrapados, ahí está nuestra “individualidad”.

-Barrick Gold (oro en inglés es gold) se convirtió en el mayor  productor de oro del mundo. –
Brontis “voz de trueno” se dedica al mundo del teatro con una potente voz… María, Inmaculada, Consuelo se asocian a la pureza, la virginidad, nombres que exigen perfección absoluta, que nos limitan –Miguel, Ángel, Rafael, Gabriel, los nombres de ángeles dan problemas con la encarnación -César, poderoso y asociado a la ambición ¿Cómo sé si el nombre que he recibido me perjudica?
Estudiar los nombres del árbol genealógico es igual que acceder al inconsciente. En los nombres encontramos secretos

Es importante ver cómo funciona el nombre que nos dieron. Algunas cuestiones: -Lo primero es saber la persona que nos nombró. ¿Papá?, ¿mamá?, ¿abuelo?, ¿la hermana?, ¿el padrino?… El que nombra, toma poder sobre lo nombrado y no es lo mismo llamarme Micaela por mi abuela paterna, si el nombre se le ocurrió a mi padre para repetir el nudo incestuoso, o por mi madre, para ser aceptada en la familia de mi padre, dándole una hija-clon de su suegra.

-¿De pequeño/a me gustaba mi nombre o me hubiese gustado llamarme de otra manera?
Los niños tienen una intuición especial y una fresca desinhibición que les permiten rechazar de pleno lo que les contamina. –Investigar de donde viene nuestro nombre: 

*Si es de algún familiar, es bueno analizar su destino y los caminos que recorrió en su vida, porque probablemente venimos a repetirlos. Llamarse René después de un hermano muerto, es cargar con él toda la vida.

*Si es de alguien significativo para quién nos nombró, nos caerá la carga de darle a éste lo que el otro no le dio.

*Si es de algún personaje histórico, novelesco, as del fútbol o princesa de Mónaco, viviremos frustrados y fracasados si no seguimos el guión.

*Si es por algo material, adquiriremos las propiedades de ese elemento. Por ejemplo, “si me llamo como la muñeca de mi hermana, me convertiré en su muñeca, ella jugará conmigo, me dominará”.

*Si me llamo por algo inmaterial, tenderé a fines abstractos ideados por nuestros padres, desatendiendo lo real e incluso, por oposición a el los, llegaré a materializar lo contrario a lo que llevo escrito en el nombre. Llamarse Libertad, Paz, Luz, no siempre es sinónimo de ser libre, vivir en paz y tener las cosas claras.

-Los diminutivos: “Me llamo Manuel como mi abuelo, pero me dicen Manolito”han proyectado en ti la figura de tu abuelo, pero tienes prohibido crecer y superarlo.

-Los nombres compuestos: “Me llamo José Luís, por mi padre y mi abuelo”. Pobre de ti si la relación entre ellos era farragosa.

“Me llamo “María José”, como dice Jodorowsky,“¡Catástrofe sexual!”.

-Los nombres feminizados o masculinizados: Mario, Josefa, Carmelo, Paula, corresponden a deseos frustrados de que naciéramos del sexo contrario.

¿Por qué no cambiarnos de nombre cuando éste va cargado por un lastre que nos inmoviliza? Nos aterra cambiarnos de nombre ya que tememos que dejaremos de ser reconocidos por nuestro clan. Tememos no ser reconocidos, ni identificados, no ser amados, es el mayor temor que tenemos.Somos seres gregarios y pensamos que podemos morir si nuestro“clan” nos abandonalo que es una herencia de nuestro cerebro arcaico.

Metafóricamente, el nombre que nos dan los padres es como un archivo del GPS que nos va indicando caminos digitalizados y guardados en la memoria familiar. Al nacer, nos instalan el archivo y vamos deambulando por el mundo por rutas más o menos pedregosas y abruptas, pero nos sentimos como en casa, porque ya fueron trazadas por el sistema operativo del árbol. Cambiarnos de nombre es arrojar el GPS por la ventanilla del coche y empezar a ver y a recorrer nuevos caminos, conquistar territorios que no habían sido archivados por nuestro árbol.

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En definitiva, un follón que más nos vale resolver si queremos liberarnos de su carga. Ahora bien ¿Cómo lo hacemos? No es sólo la dificultad de conseguir que los demás registren el nuevo nombre... es la cantidad de papeleo legal necesario para hacerlo oficial porque, claro, el cambio tiene que ser real o el patrón seguirá... Teniendo en cuenta que puedes no conocer el origen del nombre ni saber quién y por qué llevas el nombre que llevas... Vamos a hacer el siguiente ejercicio. 

EJERCICIO PARA LIBERAR DE CARGAS NUESTRO NOMBRE
  1. Escribe una carta a la persona que te puso en nombre. Si no sabes quién fue, dirige la misiva a persona que eligió mi nombre. En ella vas a darle las gracias por ponerte el nombre. También le vas a dar las gracias por todo lo que tu nombre significa, lo consideres positivo o negativo. Cuando acabes, pon fecha y firma y la guardas. Da igual que sea en un cajón o en una carpeta. Tampoco te pases que la vas a necesitar más a delante. Tenla a mano! 
  2. Investiga el origen y significado de tu nombre ahora que son San Google es relativamente fácil. Observa si te sientes identificado, si te gusta, si estás a gusto con ese significado... Cuando lo sientas, escribe una carta a tu nombre. Dile lo que significa para ti, lo que representa en tu vida, cómo te sientes con él... todo lo que te venga. 
  3. Busca el significado del nombre de tu Llama y observa si hay alguna correspondencia. Ejemplo de correspondencia: María-Jesús/José, Marco(s)/Claudio/Virginio-Virginia, Juan Diego/Fernando-Isabel... Si hay correspondencia, escribe una carta a es correspondencia. En la carta sólo tienes que poner que sanas esa situación en ti y en las personas implicadas desde ti al origen de ese suceso. Si te apetece poner algo más porque descubres emociones asociadas a los nombres, puedes incluirlo. Como siempre, haz lo que sientas. 
  4. Escribe una última carta. Esta es para ti. En ella pon todo lo positivo que te aporta, ahora, tu nombre. Si no te gusta, remarca todo lo positivo que tiene. Esto es muy importante porque nuestro nombre es una de las palabras que más escuchamos a lo largo de nuestra vida. Otra de esas palabras es No, así que... ya dirás si es importante sentirte a gusto con tu nombre.
  5. El día que sientas, que puede ser el 1 de noviembre (todos los santos), el día de tu cumpleaños o el día de tu santo (aunque no lo celebres), quema las cartas o entiérralas, lo que prefieras. Si las entierras, ponles un lazo chulo, laurel o lavanda. Si las quemas, entierra las cenizas, exacto, con laurel o lavanda. Y ya. 
Este proceso transmutará toda la energía pesada, pesante y penosa que pueda cargarnos nuestro nombre, transformando toda esa energía en fuerza, libertad y autoestima. 



Namasté.


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4 comentarios

  1. De pasta de boniato me acabas de dejar!!!! Justamente ando con mi cambio de nombre, mi madre me queria llamar Esmeralda Isabel, y la convencieron para poner maria en puesto de esmeralda, y ademas el apellido paterno , uso el de mi padre porque me siento bien con el, son mis raices pero legalmente aun no lo tengo, puede que todo ese lio tenga que ver con mi dificultad para encontrarme a mi misma, ademas fue cuando empece en el camino de la llama cuando senti la necesidad de tener mi verdadero nombre... Ale a san google a investigar, mira que si ahora que he pasado tropecientos mil karmas me meto otros pocos del otro nombre!!! jajajajaj, mi llama se muere generando dharma para equilibrar mis lios jajajaja angelico mio !!!!

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    1. Hola Isabel,

      Tu nombre (Esmeralda) no tiene por qué generar karma negativo. Investiga, a lo mejor era una crack y te chufa power en todos los cuerpos. Flow :)

      Ya me dirás ;)

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  2. Hola, muy interesante Alma! y al igual que Isabel, me plantea preguntas en las que meditar lentamente. Principalmente me preocupa el nombre que mi llama (Jesús) y yo le pusimos a nuestra hija: Magdalena. A ver, la niña lo adora (y es que como padre es adorable :) y es verdad que muchas veces se viste guapa para él cuando va a verle, pero también es cierto que las niñas pasamos por esa fase de enamoramiento (lo malo es cuando no la superamos, como yo!).
    El otro día en una consulta peculiar de osteopatía la terapeuta se dio cuenta de mi patrón de María Magdalena (Ahora estoy con el tema sexualidad) a lo largo de mi vida. Por cierto, vamos a empezar terapia transgeneracional para sanar el clan. Me dijo algo mirándome a los ojos que me dejó parada: Estás haciendo un trabajo muy bonito y además, estás de cierre. Yo no le había explicado nada de llamas ni de estos casi 9 años de dificultades.Cuando tengo que elegir de un cuadro médico, si hay una Magdalena, la elijo, oye! y siempre he tenido pedazo de profesionales (Mi ginecóloga, otra osteopata..). Lo curioso es que mi nombre no tiene nada que ver con ese patrón de María Magdalena, pero voy a investigar...

    Gracias guapa por compartir tus investigaciones que tanto nos ayudan!

    Salud

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    Respuestas
    1. Hola guapa,
      Creo que lo principal es centrarte en quién puso el nombre a tu hija. Si fuiste tú podemos encontrarnos con una representación de tus tendencias-deseos inconscientes (mi siento ua Magdalena). Si fue el padre de la niña, Llama o no Llama, a lo mejor es un intento de sanar el femenino en su clan o una correspondencia con su clan. Si fue una tercera persona... hay que investigar!!!

      Lo del transgeneracional te va a ir de perlas, ya verás :)

      Cualquier cosa, me dices.

      Un beso!

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